Es casi ya de madrugada, la lluvia se escucha caer
y todo el mundo se ha dormido, no existe forma de volver.
Llegaron con la piel helada y el sabor de una narración, fue tanto
lo que habían contado, que les prendieron la atención.
Se aferran, se encienden y vuelan.
El placer ciega las miradas, la fiebre quema por doquier
y mil inquietas fantasías se hacen visibles en la piel.
Los cuerpos yacen en tinieblas, desnudos brillan en sudor,
no hay nada que ahora los detenga, la búsqueda se terminó.
Se aferran, se encienden y vuelan.
Y cuanto más jadean, más les llega la ocasión de volcar sus fantasías
en dudosa posición.
No, no hay nombres ni temor, no hay miradas ni presión,
sólo piel y tentación.
No, no hay lazos ni rencor, no hay secretos ni tensión,
sólo sexo en comunión.
Ya nadie sabe a ciencia cierta si es día, noche o qué hora es,
están exhaustos y a la espera de que alguien se ponga de pie...